El fin del conflicto, más allá de las implicaciones políticas que desencadena, supone una oportunidad excepcional para el desarrollo económico del país. Lo anterior, con ocasión del Dividendo Económico para la Paz, en donde analistas concluyen de manera categórica que la terminación del conflicto, así como la posterior implementación de lo acordado en La Habana, supondrá una mejoría innegable en los estándares de calidad de vida y confianza institucional que harán de Colombia un país con un sector productivo más competitivo, y con un atractivo que además cautivará a inversionistas extranjeros interesados en diversificar sus portafolios en países emergentes.

El Dividendo Económico para la Paz conlleva un mejoramiento progresivo en las condiciones materiales de Colombia que se reflejaría en un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), que pasaría del 2% (porcentaje de cierre de la mayoría de países en vía de desarrollo) al 4%, e inclusive al 6% bajo los análisis más optimistas. Según estudios del Departamento Nacional de Planeación[1], luego de realizar una proyección basada en indicadores de países que pasaron por la misma transición de un escenario de conflicto a uno de estabilidad social y política, en la medida en que Colombia materialice los acuerdos conseguidos con la guerrilla de las Farc, el país se volverá más competitivo, no solo en el ámbito interno sino también a nivel internacional; lo que se traducirá en el progresivo desarrollo de una infraestructura de talla internacional, un aumento de la tasa de inversión, que pasaría de US$12.000 millones anuales a US$36.000 millones en el largo plazo; una mejor proyección del país en materia de comercio exterior, así como el fortalecimiento y desarrollo de los sectores agrícola, industrial y por servicios. Todo esto, acompañado de un incremento en la propensión al consumo de todos los habitantes del territorio nacional.

Es bajo este escenario de optimismo que Colombia se posiciona como un destino obligado para los próximos años. Con una economía más madura, dinámica y resistente a las crisis, y con una sociedad civil más abierta y participativa, comprometida con la reconciliación colectiva, los inversionistas locales y extranjeros podrán proyectar y materializar sus emprendimientos e ideas de negocio de una manera más sencilla y efectiva en donde enconarán, entre otras cosas, la oportunidad para generar riqueza en sectores rezagados y olvidados por el conflicto armado, a través de iniciativas en territorios y sobre comunidades desconocidas como consecuencia de la violencia.

Sin lugar a dudas, el postconflicto será un espacio provechoso para el desarrollo económico, lo que implica grandes retos a nivel cultural e institucional para los próximos años. Colombia está a punto de vivir un cambio trascendental que requiere de la mejor disposición de todos los colombianos para encontrar el verdadero potencial que como sociedad y como país tenemos.

[1] https://www.dnp.gov.co/Paginas/Dividendo-econ%C3%B3mico-de-la-paz-permitir%C3%ADa-un-crecimiento-adicional-de-1,1-a-1,9-DNP–.aspx